
Pronto se van a cumplir dos años de legislatura municipal y esta Asociación se propone con tal motivo llevar a cabo un análisis de la acción política del equipo de Gobierno en cuanto a los retos más importantes que tiene nuestra ciudad y los compromisos electorales con los que concurrió el Partido Popular en las elecciones del año 2023.
Sin embargo, antes de revisar su acción de gobierno, conviene aproximarse a valorar cabalmente la calidad democrática y el talante político con el que el PP y la alcaldesa han desarrollado su labor en esta primera etapa de la legislatura.

Nuevo Reglamento Orgánico Municipal
El hecho más importante podemos encontrarlo, en primer lugar, en la aprobación del nuevo Reglamento Orgánico Municipal pronto hará un año. La norma fundamental de un país es su Constitución, la de las Comunidades Autónomas, sus estatutos, y la de los municipios, sus respectivos ROMs. Se trata pues de la base jurídica que rige y ordena el funcionamiento de la Institución Municipal, los papeles políticos de gobierno y oposición y también, entre otras cosas, la participación ciudadana.
Pues bien, este nuevo ROM fue aprobado en un Pleno Ordinario celebrado en julio de 2024, únicamente con los votos del PP y con el contundente NO de toda la oposición (Vox, PSOE, VxM y MmIU). Significativa es la intervención del portavoz del PP, Ignacio Silván, de solamente 20 segundos, en la que dijo textualmente que para su aprobación “no se habían aceptado alegaciones y que la norma tenía tres pilares: agilidad administrativa, transparencia y participación ciudadana”. Se quedó tan ancho. Despachó en 20 segundos la norma fundamental de la vida en nuestro municipio.
Pero vayamos por partes. Como decíamos, el ROM es el fundamento de la convivencia institucional municipal; es la Constitución de Majadahonda. Pues bien, ¿alguien puede imaginarse que la Constitución Española se hubiera aprobado sin un consenso político de todos los partidos y de una inmensa mayoría de la población? En Majadahonda este Partido Popular, con esta alcaldesa a su cabeza, ha conseguido lo inédito: que la Constitución Municipal sea aprobada con el voto en contra de toda la oposición. Dicho de otro modo, con el voto en contra de los representantes del 51% de la ciudadanía de Majadahonda. No hay palabras para describir semejante comienzo de legislatura. Doña Lola Moreno, alcaldesa electa, quien dijo que iba a ser la alcaldesa de todos, resulta que desprecia a más de la mitad de sus ciudadanos.
En segundo lugar, ya entrando en el fondo del asunto, como ya dijimos, manifestó el concejal Silván que los tres pilares del nuevo ROM eran la agilidad administrativa, la transparencia y la participación ciudadana. Palabrería. Puro trumpismo. ¿Cómo se puede hablar de agilidad si en dos años no han sido capaces de sacar adelante ni uno de los proyectos importantes de esta etapa (Huerta Vieja, Centro de Mayores, Pasarela Roza Martín, Gran Vía, nueva Biblioteca….…)?
Respecto de la transparencia resulta bochornoso que la invoquen con tanta pompa mientras se crean trabas para la necesaria tarea de fiscalización que debe realizar la oposición, teniendo en cuenta que el nuevo reglamento reduce el tiempo de los partidos para estudiar los asuntos del Pleno y restringe las intervenciones de 15 a sólo 3 minutos y, lo que es más preocupante, establece la posibilidad de que las propuestas, ruegos o preguntas no sean admitidas a trámite, si así lo decide la alcaldesa. Esos son sus valores democráticos.
Ocurre lo mismo con la participación ciudadana, cuando en realidad lo que se hace es despreciarla. Basta recordar algunas de las decisiones de la alcaldesa Lola Moreno y su equipo de gobierno: no se ha constituído ningún consejo sectorial municipal, obstaculiza el derecho de los vecinos a formular preguntas en los plenos y vive de espaldas al tejido asociativo civil del municipio. Llaman participación a no haber admitido ninguna alegación de la sociedad a este nuevo ROM. ¡Qué paradoja!
Todo parece indicar pues que al actual equipo de gobierno del PP no le vale con tener la mayoría absoluta, sino que además pretende amordazar a la oposición y, con ella, a más de la mitad de la población de Majadahonda. Así lo indican tanto los principales cambios introducidos en el nuevo ROM como su puesta en práctica en el día a día de la Institución, como veremos a continuación.
Calidad democrática institucional
Pero, en la práctica ¿en qué se traduce esta dinámica política en el Ayuntamiento? Lola Moreno, alcaldesa de Majadahonda y, para lo que procede en este tema, Presidenta del Pleno Municipal, es la responsable de administrar y moderar el debate entre los grupos políticos. En realidad, lo que se ha producido con la aprobación del nuevo ROM y muy probablemente con el talante predemocrático de la alcaldesa, es que no hay debate. Los turnos de palabra se suceden manu militari, tanto en el tiempo como en el contenido, ya que no hay ni flexibilidad posible en los tres ridículos minutos de intervención de los concejales de la oposición ni, lo que es peor, posibilidad alguna de contextualizar las intervenciones o salirse mínimamente del punto para ilustrar las opiniones, puesto que de inmediato la Presidenta corta por lo sano y retira la palabra.
Resulta pues verdaderamente lastimoso que se limite a los representantes del 51% de la población majariega a expresar con la necesaria flexibilidad su sana y crítica opinión.
Participación ciudadana
Pero si la limitación de la legítima expresión crítica a la oposición tiene tintes más propios del pasado, aún más grave es el trato que dispensa la alcaldesa a los ciudadanos que acuden pacientemente pleno tras pleno a formular las preguntas o los ruegos sobre los temas que les afectan.
En efecto, si hasta el año 2019 cualquier vecino podía formular sus preguntas al finalizar los plenos con absoluta libertad, a partir de esa fecha y hasta 2023 el alcalde Ustarroz obligó a que las preguntas se escribieran en un documento a la entrada de la sesión plenaria, para luego ser trasladadas por su gabinete a las manos del alcalde; hasta llegar a la situación actual, en la que aquel ciudadano que quiera hacer una pregunta debe remitirla por escrito y registrarla por internet en la web municipal con al menos 24 horas de antelación a la sesión plenaria. En fin, todo dificultades, teniendo en cuenta la escasa ergonomía de la web del Ayuntamiento y la a menudo incomodidad digital en algunos sectores de la población, especialmente entre los más mayores.

Pero no solo se condiciona la intervención popular en el plano procedimental, ya que resulta aún más alarmante el trato que dispensa la alcaldesa a los ciudadanos cuando les insta con vehemencia a leer las preguntas textualmente y les impide contextualizarlas, siquiera unos segundos, para una mayor comprensión; por no hablar del desdén y la soberbia con la que trata a los vecinos que preguntan, interrumpiéndoles continuamente o incluso con alusiones extemporáneas cuando un mismo ciudadano acude a varios plenos consecutivos (“usted es como el día de la marmota” llegó a espetarle en una ocasión Lola Moreno a la portavoz de la Plataforma por el 0,7%).
Talante
Es conocida en el Ayuntamiento la frase que la alcaldesa repite permanentemente desde su llegada a Majadahonda: “no quiero saber nada del pasado”; como si tratara de hacer borrón y cuenta nueva de la acción de gobierno de sus compañeros de partido en el pasado, o, lo que es peor, poniendo de manifiesto un auténtico desprecio hacia todos los concejales, de gobierno y de oposición, que han trabajado en esa institución, con sus aciertos y sus errores, para que ella ahora la herede de acuerdo con los estándares democráticos que pretende socavar.

Es público, en efecto, que dentro del Ayuntamiento se ha creado una línea roja entre los políticos del pasado y los nuevos. Los primeros, arrinconados en tareas menores en cuanto a sus competencias. Los segundos, con las más altas responsabilidades.
Pero también son vox populi las reacciones a veces desabridas que dispensa a quien osa contradecirle, lo que provoca desencuentros personales que alejan sobre manera la idea de cohesión de equipo necesaria para la alta tarea que se le ha encomendado cuando la ciudadanía la eligió. Decía un conocido politólogo que no hay cosa peor que un adulador de alguien de quien depende la silla y nada mejor que un crítico que no necesita el puesto para vivir. Pues eso.
Pero hemos de reconocer que la responsabilidad de este déficit democrático y del talante desabrido y hosco no es solo de la alcaldesa. También es justo mencionar a la guardia de corps que le presta servicio, concretamente a sus diez cargos de libre designación que la rodean y la hacen inexpugnable. Diez personas que nos cuestan a los vecinos solo en sueldos 550.000 euros al año y que, en lugar de trabajar en beneficio de quien les paga, les dan la espalda y solo velan por quien les ordena y manda.
En fin, como nos quedan dos años por delante para seguir analizando la acción o inacción de este gobierno, la AVM convocará para finales de mayo o principios de junio una charla/debate en la que abordaremos todas esas cuestiones de fondo y de forma de este nuevo equipo de gobierno con su alcaldesa a la cabeza.


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